¿DOS RAYOS NO CAEN EN EL MISMO LUGAR?


  Uno de los tantos mitos cotidianos y/o ideas erróneas sobre la naturaleza que está ampliamente generalizado en gran parte de la población y que se repite una y otra vez es aquel que sentencia que "dos rayos nunca caen en el mismo lugar" y que incluso es usado como expresión de alivio o satisfacción en situaciones diversas. Descargas eléctricas han sido inspiración para toda clase de creencias mitológicas a lo largo de la historia de la humanidad; pero, como mito al fin, la realidad es bien diferente, de hecho, y para dejarlo claro rápidamente: ; dos, tres, diez, cien rayos pueden caer en un mismo lugar, y esto ocurra bastante a menudo.



  Primeramente, analicemos qué es un rayo y por qué se produce:

El rayo es una poderosa descarga natural de electricidad estática, producida durante una tormenta eléctrica, que genera un pulso electromagnético. La descarga eléctrica precipitada del rayo es acompañada por la emisión de luz (el relámpago), causada por el paso de corriente eléctrica, que ioniza las moléculas de aire, y por el sonido del trueno, producido por la onda de choque. La electricidad (corriente eléctrica) que pasa a través de la atmósfera calienta y expande rápidamente el aire, produciendo el ruido característico del trueno. En otras palabras, cuando llueve sobre la superficie terrestre se produce evaporación natural que elevan las partículas de agua. Mientras tanto, a mayor altura, por encima de los 5000 metros de altura las partículas de granizo que se forman en la nube chocan con cristales de hielo y adquieren carga positiva y estos últimos carga negativa. Por debajo de esa altura ocurre lo contrario.


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  De esta forma los cristales de hielo presentes dentro de la nube de tormenta y más ligeros que el granizo son arrastrados hacia la cima de la nube formando una región de carga positiva entre los 8 y 10 km de altura mientras que a unos 5 km de altura se acumula la carga negativa. Así hay un polo positivo en la cima y uno negativo en la parte inferior. Se calcula que cada rayo mide unos 5 kilómetros de longitud por solo 1 centímetro de anchura, y descarga entre 1.000 y 10.000 millones de julios de energía, con una corriente de hasta 200.000 amperios y 100 millones de voltios. El aire circundante puede alcanzar temperaturas de 20.000 ºC, más de tres veces la de la superficie del Sol, que ronda los 6.000 ºC. Este chorro de calor puede evaporar la savia de los árboles haciéndolos estallar y a veces funde la arena y forma masas de vidrio. Semejante temperatura calienta también el aire que atraviesa el rayo. El aire caldeado se expande con tal violencia que produce las ondas de choque que percibimos como truenosCuando un rayo cae cerca, oímos un estallido explosivo. Si cae más lejos, se escucha un prolongado rumor, porque las ondas de sonido se refractan en la atmósfera y rebotan contra las montañas y otros accidentes del terreno. Como la velocidad de la luz es mayor que la del sonido, es posible determinar a qué distancia ha caído el rayo. Contando los segundos que pasan entre el relámpago y el trueno, y dividiéndolos luego por 3, se obtiene aproximadamente la distancia en kilómetros a la que ha caído el rayo.

 Estas condiciones lógicamente se dan en cualquier lugar, y de forma totalmente impredecible, por tanto, un rayo puede caer en cualquier lugarUn estudio realizado por la NASA aseguraba que uno de cada tres rayos que tocaban tierra lo hacía en varios sitios a la vez; no sólo caen rayos en el mismo lugar sino que también pueden hacerlo en el mismo momento. Según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), a diario se producen en el mundo unas 44.000 tormentas y se generan más de 8 millones de rayos. La caída de éstos se produce cuando la diferencia de potencial entre la nube y la tierra supera la capacidad aislante del aire. La carga eléctrica de la tierra en la zona situada debajo de una tormenta se va concentrando en los objetos más elevados y hace que éstos atraigan la descarga guía.



  Así pues, los árboles y los edificios más altos suelen ser alcanzados con frecuencia por los rayos. Teniendo en cuenta todos esos factores, el estadounidense Benjamin Franklin (1706-1790) inventó el pararrayos, en 1753, cuyo principal propósito es atraer un rayo ionizado del aire para conducir la descarga hacia tierra de tal modo que no cause daños a las personas o construcciones. El Empire State Building, por ejemplo, recibe el impacto de cerca de 25 rayos de media cada año.
  Cabe señalar que si un rayo impacta sobre un ser humano, las posibilidades de sobrevivir son de menos de un 30%. El 74% de los sobrevivientes quedan con secuelas físicas y mentales que los acompañan toda la vida.
  Y por último, otra de los conceptos erróneos que se pueden escuchar con frecuencia es el de como protegerse durante una tormenta eléctrica, ya que muchas personas afirman que lo mejor es buscar refugio bajo un árbol, tirarse al suelo para tener la menor altura posible, y la muy  conocida "no hay lugar más seguro que dentro de un auto durante una tormenta eléctrica", todas esas ideas incorrectas y realmente peligrosas para la vida, pero las medidas correctas de protección y el por qué se deben evitar las anteriormente mencionadas, quedan para otra ocasión.


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