LA NAVAJA DE OCKHAM

 


  La Navaja de Ockham (o de Occam) es un principio de razonamiento formulado al final de la Edad Media, y conocido bajo varios nombres: principio de economía, principio de parsimonia o de simplicidad. Se le atribuye a William de Ockham, un fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico inglés del siglo XIV, oriundo de Ockham, un pequeño pueblo de Surrey, Reino Unido. La Navaja de Ockham es pues la expresión del sentido común, y su aplicación no debería plantear problema. Sin embargo, los desacuerdos surgen a la hora de definir la noción de sencillez de una hipótesis. En efecto, los hábitos de pensamientos y las creencias determinan en gran medida lo que una persona está dispuesta a considerar sencillo. Los detectives e investigadores policiales solían utilizar esta técnica para determinar al culpable y los doctores para determinar la enfermedad detrás de los síntomas. Lo que pretende la técnica es encontrar solución a un problema eliminando todos los elementos innecesarios. Es un principio de resolución de problemas que sirve como modelo mental y una herramienta filosófica utilizada para eliminar opciones improbables en una situación dada.

  La técnica se separa en dos partes: El principio de pluralidad, por el cual no debía establecerse la pluralidad sin necesidad, y el principio de parsimonia, por el cual no debía hacerse con más lo que se podía hacer con menos. Hay que tener cuidado al utilizar esta técnica, dado que no prueba nada. Es solamente una manera de saber elegir frente a dos opciones: la más simple es la correcta. Las explicaciones simples vienen de nociones que ya se sabe son acertadas, como la evidencia empírica a través de nuestros 5 sentidos.

  William de Ockham formuló este principio metodológico aplicando el símil de la navaja para eliminar los supuestos innecesarios de una teoría. En su formulación original decía: “Pluralitas non est ponenda sine neccesitate” (la pluralidad no se debe postular sin necesidad). Esa formulación original ha evolucionado hasta nuestros días, reformulándose de la siguiente forma: Si para explicar un fenómeno determinado tenemos dos o más hipótesis, lo más razonable es aceptar la más simple, es decir, la que presenta menos supuestos no probados. Por tanto, si dos o más explicaciones están en igualdad de condiciones, se debe tener en cuenta la más simple, y no la más complicada. En el campo científico se dice que hay que favorecer la hipótesis más sencilla que explique las observaciones o que por lo menos sean compatibles con ellas.

Actualmente, este principio se utiliza en la ciencia como regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de hipótesis o modelos teóricos. Aún en la ciencia moderna la navaja de Ockham sigue vigente y se complementa muy bien con el método científico. Además es utilizado también en otros campos, tales como la estadística o la economía, así como en muchas disciplinas de las ciencias sociales y naturales. Y aunque es cierto que la explicación más simple es la más probable, no necesariamente es la correcta o verdadera. Aunque William de Ockham no acuñó el término, su forma característica de hacer deducciones inspiró a otros escritores a desarrollar el método. Se cree que los primeros escritos como este han llevado a la eventual simplificación del concepto. Hoy en día, la navaja de Ockham es un modelo mental establecido que puede formar parte útil de un entramado de conocimientos.

  No obstante, debe tenerse presente que este principio metodológico no es irrefutable, en la medida en que no prueba nada, y, ni mucho menos, puede considerarse un resultado científico. De hecho, en ciertas ocasiones, la opción compleja puede ser la correcta. La explicación más sencilla tiene más posibilidades de ser cierta y es preferible hasta que existan fundadas razones para adoptar una alternativa más compleja. Su sentido se basa en el hecho de que, en condiciones idénticas, sean preferidas las teorías más simples a las más complejas, porque parece lógico empezar por lo más simple, pues en ese caso, será más sencillo descartarlo que si se empieza por lo más complejo. Una cuestión distinta serán, por tanto, las evidencias que apoyen una determinada teoría. Así, de acuerdo con este principio, una teoría más simple pero con menores evidencias no debería ser preferida a una teoría más compleja pero con mayores evidencias de ser cierta.

  Sin embargo, lo que hoy conocemos con este nombre está un poco alejado de lo que escribió el autor originalmente. William de Ockham vivió durante la época medieval, desde el 1285 al 1349, y pertenecía a la orden de los Padres Franciscanos. El sencillo modo de vida que llevaba fue probablemente lo que hizo que estableciera su teoría sobre la simplicidad. Además, era una manera de establecer el pensamiento medieval en oraciones fáciles que sobrevivieran a través del tiempo. Sin embargo, la idea ya se había formulado desde la época de Aristóteles, quien planteaba que la perfección era igual a la simplicidad. Aristóteles escribió “podemos asumir la superioridad, en igualdad de otras cosas, de la demostración que deriva de menos postulados o hipótesis”. 

  Algunas personas utilizan esta teoría para probar una hipótesis y desaprobar otra, pero no es una actitud del todo correcta. El primer problema es que determinar si algo es simple o no tiene que ver con la subjetividad, quedando en manos del individuo determinar su simplicidad. El segundo problema es que no hay evidencia de que lo más simple sea lo correcto. No obstante, algunos creyentes desacreditan la navaja de Ockham diciendo que no es necesaria, dado que para ellos todo es cuestión de fe y no de evidencia. La teoría puede igualmente usarse en contra de los conspiracionistas, dado que tienden a creer en la teoría más complicada y no la más simple. La mayoría de la gente simplifica demasiado la navaja de Ockham para decir que la respuesta más simple suele ser correcta. Pero el verdadero significado, lo que el fraile franciscano William de Ockham realmente quería enfatizar, es que no se debe complicar, que no se debe generar premisas en una teoría si una explicación más simple funciona igual de bien.

  La navaja de Ockham se utiliza en una amplia gama de situaciones, como medio para tomar decisiones rápidas y establecer verdades sin evidencia empírica. Funciona mejor como un modelo mental para hacer conclusiones iniciales antes de que se pueda obtener la información adecuada. Aunque el principio pueda parecer bastante trivial, es esencial para la construcción de modelos. Para un conjunto dado de observaciones o datos, siempre hay un número infinito de modelos posibles que explican esos mismos datos. Esto se debe a que un modelo normalmente representa un número infinito de casos posibles, de los cuales los casos observados son sólo un subconjunto finito. Los casos no observados se infieren mediante la postulación de reglas generales que cubren tanto las observaciones reales como las potenciales. Este principio es parte de la epistemología (la parte de la filosofía que estudia los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano), y puede estar motivado por el requisito de la máxima simplicidad de los modelos cognitivos.

  Es importante tener en cuenta que, como cualquier modelo mental, la navaja de Ockham no es a prueba de fallos y debe usarse con cuidado. Esto es especialmente crucial cuando se trata de decisiones importantes o arriesgadas. Hay excepciones a cualquier regla, y nunca se debe seguir ciegamente un modelo mental que la lógica, la experiencia o la evidencia empírica contradigan. Si escuchas caballos, piensa en caballos, no en cebras. La simplicidad es también un tema subjetivo. Por  ejemplo, algunas personas (teóricos conspiracionistas, por supuesto) consideran que es más sencillo que las imágenes del alunizaje hayan sido falsificadas, aunque sabemos que fueron reales. Cuando se utiliza la navaja de Ockham para hacer deducciones, hay que evitar por todos los medios el sesgo de confirmación, y simplemente utilizarla para respaldar nociones preexistentes. Una hipótesis puede parecer simple, pero implica más suposiciones que una alternativa verbosa.

  La navaja de Ockham no debe utilizarse en lugar de la lógica, los métodos científicos y los conocimientos personales. Algunas partículas y propiedades no parecen necesarias para ningún proceso físico que importe, al menos según lo que hemos deducido hasta ahora. Sin embargo, existen. A veces el modelo más simple no es el correcto.


William de Ockham



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